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La caída de un cero a la izquierda

CON PRECAUCIÓN

La caída de un cero a la izquierda

Por Sergio Mejía Cano

Pues vaya polémica que generó en varios sectores de la sociedad el asunto del ahora exfiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero: que si fue removido, que renunció, que lo obligaron a renunciar, que si le ofrecieron una embajada en un país amigo tal y como se vio cuando se dio a conocer el contenido de su renuncia.

Ahora sí, citando el clásico de que “haiga sido como haiga sido”, la mejor noticia fue que afortunadamente el señor Gertz Manero ya no está al frente de la Fiscalía General de la República (FGR). Afortunadamente, porque por lo que se vio y se analizó por personas versadas en la procuración de justicia, así como por periodistas serios comprometidos a estar apegados lo más posible a la realidad de este caso, durante su estancia en la FGR, Alejandro Gertz prácticamente no hizo nada que se viera que estaba trabajando en bien de la justicia, pues el único caso más rimbombante y mediático durante su gestión como tal fue el argüende que se armó cuando hizo detener a la señora que cuidaba a uno de los hermanos -y supuestamente también pareja sentimental- del entonces fiscal acusándola de homicidio por omisión; sin embargo, los hijos de esta señora comenzaron a dar declaraciones en varios medios de información en donde señalaban que el fondo del asunto por la detención de su señora madre era porque Gertz Manero quería o quiso quitarle a la señora los posibles bienes económicos, así como muebles e inmuebles que pudiera haber dejado el hermano de Gertz Manero al morir.

Y al parecer sí fue lo único que más llamó la atención el señor, Alejando Gertz: torcer la justicia en beneficio propio sin importarle afectar los derechos humanos y las garantías individuales de una señora ya de la tercera edad, así como de algunos familiares de esta señora afectada por un capricho del fiscal. Aunque también fue de llamar la atención, y mucho, fue que nada de lo que tenía que hacer en cuanto a acusaciones de personajes políticos y empresariales todo se le revertía o no se les daba seguimiento, según los analistas, supuestamente por estar mal integrados los expedientes o tarjetas de investigación o porque se violaban los debidos procesos y por no atender los procedimientos adecuados sobre los personajes señalados. Casos concretos como el de Emilio Lozoya Austin y Alonso Ancira Elizondo, por citar algunos; ya no se diga tal y como se ha documentado, no seguir los casos de Iberdrola y otras compañías extranjeras a las que se les señalaba de malos o indebidos manejos en sus funciones.

Hay algunos periodistas, como Álvaro Delgado Gómez y Alejandro Páez Varela quienes, entre sus comentarios dicen que en vez de haberle ofrecido una embajada a Gertz Manero, debería de estar siendo investigado, pues como que no las tiene todas consigo por como actuó durante toda su vida en el servicio público cuya mayor parte estuvo siempre en cuestiones de seguridad y hasta de combate al narcotráfico, como cuando estuvo al frente de la llamada operación Cóndor, en el estado de Sinaloa en la década de los años 70 del siglo pasado.

Y si bien la operación cóndor estuvo enfocada al llamado triángulo dorado situado entre los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua, algunos antiguos ferrocarrileros llegaron a comentar que, en Culiacán, capital de Sinaloa, se llegaron a ver infinidad de actos violentos en donde no se sabía quién era quién entre los agresores, pues de pronto comenzaban a tronas las armas de fuego sin que se llegaran a ver personas uniformadas haciendo el uso de esas armas.

También llegaron a comentar esos antiguos ferroviarios que tenían familiares y conocidos hacia el lado de la sierra que de pronto llegaban con ellos con la familia completa y con valijas y costales con ropa y utensilios de cocina, no nada más en Culiacán, sin también con ferrocarrileros residentes en Mazatlán, diciendo esos familiares y demás que ya no se podía vivir en la sierra pues no nada más le tenían miedo a los grupos armados, sino hasta a los militares que llegaban a las pequeñas poblaciones o ranchería y con el pretexto de buscar criminales quienes llevaban la de malas por lo regular eran los campesinos que nada tenían que ver con esos grupos criminales. Y, si llegaban militares o supuestos criminales los que llegaban a las rancherías y poblaciones serranas era lo mismo: exigencias de alojamiento y alimentación y lo peor, era que lanzaban miradas feas -libidinosas- a las mujeres, por lo que muchas familias mejor optaban por abandonarlo todo.

Sea pues. Vale.

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