CON PRECAUCIÓN
La mayoría de los seres humanos son disidentes por naturaleza
Por Sergio Mejía Cano
El 23 de septiembre de 1965 un grupo de ciudadanos inconformes con los abusos de terratenientes, empresarios y políticos y caciques locales de Ciudad Madera, Chihuahua, decidieron atacar el cuartel militar estacionado en dicha ciudad; ataque que fracasó en su totalidad al no poder cumplir el cometido acordado debido a varias fallas que se dieron en el transcurso de los hechos.
Este grupo lo conformaban maestros rurales, estudiantes, campesinos, así como integrantes de un grupo denominado como Grupo Popular Guerrillero y también algunos de los dirigentes del Partido Popular Socialista, liderado este grupo en su mayoría por el maestro rural, Arturo Gámiz García.
En su momento se dijo en varios medios de información que este ataque frustrado era una copia de otro ataque: el ataque al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 en Santiago de Cuba, Cuba, ataque comandado por Fidel Castro Ruz. Sin embargo, tal vez las condiciones para llevar a cabo algo así eran similares: los abusos de autoridad y las malas condiciones de sus habitantes en cuanto a trabajo y alimentación y, desde luego, las represiones y agresiones a sus pobladores. Así que no se podría considerar una copia como tal, sino una forma de manifestarse y llamar la atención al no obtener ninguna respuesta de justicia por parte de los gobiernos en sus tres niveles: municipal, estatal y federal.
Y si bien este ataque al cuartel de Ciudad Madera, Chihuahua fracasó, aunque si generó bajas tanto en militares, pero más entre el supuesto grupo guerrillero a cuyos sobrevivientes los apresaron y torturaron posteriormente, la fecha de ese día quedó marcada para las nuevas generaciones, porque fue un movimiento que llegó a despertar conciencias en varios sectores de la sociedad a nivel nacional y no nada más localmente; tanto así que, grupos de jóvenes disidentes surgidos a partir de la masacre del 2 de octubre de 1968 (no se olvida), adoptaron el 23 de septiembre como símbolo emblemático de la lucha proletaria, del pueblo por siempre pisoteado y denigrado, surgiendo así la Liga Comunista 23 de Septiembre en varios estados de la República Mexicana, grupos de jóvenes disidentes en su mayoría nacidos en la segunda mitad de los años 40m así cono en las décadas de los años 60 y principios de los 70 del siglo pasado.
Se dijo en su momento que estos movimientos asustaron sobremanera a los gobiernos priistas de aquel entonces, gobiernos asombrados al comprobar que ni la masacre del 2 de octubre de 1968 ni la matanza del jueves de Corpus el 10 de junio de 1971 ni la conformación de los grupos paramilitares que dio pie a la llamada guerra sucia que llegó a perseguir a muchos jóvenes nada más por ese delito precisamente de ser jóvenes,
Este descontento social que se acrecentó debido a la represión gubernamental, hizo que en el estado de Guerrero surgieran otros grupos guerrilleros conformados principalmente por campesinos explotados de toda la vida liderados por los profesores, Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos. Y, tan así se acrecentó el descontento social ya no nada más de campesinos y obreros, sino también se agregaron más estudiantes, más profesores y profesionistas en varios rubros, al saberse (hoy ya totalmente comprobado) que no hubo toma de prisioneros vivos y, a los que detenían con vida perdían sus cuerpos en la Sierra y a otros los aventaban a Mar abierto, ya fuera muertos o aún con signos vitales.
Así que, posiblemente al ver aquellos gobiernos en los tres niveles que por más violencia con que atacaban a los grupos disidentes sus movimientos seguían surgiendo y creciendo, tal vez lo pensaron mejor y decidieron darle mejor con el lavado de cerebros en las escuelas en todos sus niveles; un lavado de cerebros tan bien ideado y que se consolidó más en la época neoliberal que hizo que la mayoría de las nuevas generaciones crecieran con otro tipo de pensamiento y ya no el de protesta, por más explotación que sufrieran tanto esos jóvenes como sus familias; aunque como casi siempre sucede: no todos los jóvenes cayeron en el cesto neoliberal o mordieron su anzuelo para nada más aplaudir el sistema neoliberal, sino cuestionarse su funcionamiento.
A principios de los años 70 se decía que los nayaritas desde el párvulo o preescolar ya eran disidentes; pero ya no más, pues desde los años 80 estudiantes de secundaria y preparatoria nada tienen que ver con aquellos niños de los 70. Tal vez a estas nuevas generaciones sí les afectó el lavado de cerebro a fondo.
Sea pues. Vale.
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