LA SERPENTINA
POR GUILLERMO AGUIRRE
La costumbre de echar culpas
**Dura la editorial de la revista de la iglesia católica, que mientras condena la violencia y la muerte, y, por otro lado, tolera a los sacerdotes que imparten misas a la llamada “santa” muerte
Pues luego de que este pasado 15 de marzo familiares de personas desaparecidas y colectivos protestaron en el Zócalo de la Ciudad de México y otras plazas públicas de al menos 24 estados del país tras el hallazgo de un ‘campo de exterminio’ en el rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco, en una jornada a la que se llamó “luto nacional”.
Casi de inmediato, bueno al siguiente día para no ser exagerados, en su editorial del domingo en la revista Desde la fe, la iglesia católica mexicana, condenó la violencia y las desapariciones en México.
“Un niño o un adolescente portando un arma nos debe de indignar. Un grupo de criminales golpeando con tablas a transportistas nos debe de indignar. Una persona muerta a causa de la violencia en el país nos debe de indignar. El hallazgo de una fosa común, en el lugar o la región que sea, nos debe de indignar”, señaló en su editorial de este domingo en la revista Desde la fe.
Puntualizó además que, aunque no se quiera ver de ese modo, los desaparecidos son de todos, no solo de sus familiares. La iglesia lamentó que se vuelva cotidiano tanto reporte de personas desaparecidas, pues considera que justo por esa repetición le dejó de ‘doler’ al mexicano y se dejó de escuchar a las personas que “sufren”.
“La escucha en primer lugar hacia las víctimas de la violencia, la escucha hacia los familiares de las víctimas, la escucha hacia todos los que pueden aportar alguna contribución que lleve a erradicar este mal que nos está arrebatando parte de nuestra humanidad”, abundó…y precisamente en este último punto, es donde parece que la iglesia olvidó que parte de su función es contribuir a la erradicación de todo aquello que sea malo, que huela a maldad.
Pero mire usted lo que ha hecho la iglesia católica para “contribuir a erradicar el mal”, desde hace más de 20 años, ha tolerado el culto a la llamada santa muerte, un culto a una deidad maligna, a la que junto con el llamado “santo Malverde”, se le han erigido hasta capillas, en donde, lease bien, ofician misa, sacerdotes ordenados por la iglesia católica.
Y aunque es posible que los grandes prelados digan que estoy en un error, entonces porque el culto a la santa muerte,desde hace cuatro años y medio, cada mediodía de domingo y los días primeros de cada mes sacerdotes de la Iglesia Católica Apostólica Tradicional México–USA celebran misas en honor a alguien que reclama la sangre de un ser querido para vida de supuestamente hacer un milagro.
En la ciudad de Puebla, se celebra estas misas a la “santa” que veneran personas relacionadas con situaciones de no mucha bondad y caridad, sino temas relacionados con el mal.
Pero si usted cree que en la mera capital del estado de Puebla, el sitio donde el ritual para la muerte, se efectúa, es un pequeño altar, está equivocado, es un verdadero santuario, el primero abierto en la Angelópolis para venerar con el rigor que ordena la ortodoxia religiosa a la llamada “niña blanca”.
El hecho toma relevancia porque hasta hace poco se sabía que sólo había veneraciones realizadas por feligreses que rezaban rosarios, pero no era público que sacerdotes llevaran a cabo ritos con un protocolo definido y orientando a la grey.
El santuario –ubicado en el interior 2 de la 9 Norte 1201– de la ciudad de Puebla Puebla, tenía como encargado al padre Juan Díaz Parroquín, uno de los pastores más conocidos del culto a la santa muerte en México, quien ha tenido debates públicos sobre con la alta jerarquía de la iglesia católica, apostólica romana, sobre la libertad de creencia y sus implicaciones para la vida pública nacional.
De hecho, Díaz Parroquín ha sido un entusiasta impulsor de la veneración a la “flaquita”, que también así es conocida por su feligresía, y durante varios años ofició en el santuario que, en el Centro Histórico de Puebla, el curandero Arnulfo Cerezo erigió en honor de la santa muerte el 1 de febrero de 2006.
Y mientras que el cardenal Gianfranco Ravasi, secretario de Cultura del Vaticano, aseguró en México que la figura de la Santa Muerte que veneran muchos mexicanos es un símbolo blasfemo que no debe ser parte de ninguna religión, el padre JUAN DÍAZ PARROQUÍN, dijo que todas las mañanas y las tardes ora y pide a la santa muerte para que haya más fieles de “la flaquita” y en las últimas misas, al final de ellas, el curandero Arnulfo Cerezo, orquestó una porra a la santa muerte. La enjundia con que fue pronunciada estremeció a más de uno, mientras tanto, en años recientes muchos narcotraficantes han empezado a venerar la figura esquelética, y la iglesia que ayer condenó la era de violencia que se vive en nuestro país, en el anverso de la moneda, tolera, no sé si permita, que sus sacerdotes impartan misas para seres tan malignos como lo es la muerte, digo esto, salvo que usted crea que cuando se asesina o se muere un familiar o ser querido, sea algo para agradecer a una deidad que obvio, está en contra de la vida, como lo es la llamada “santa muerte”, y que es precisamente por lo que se dio la jornada del luto nacional, por la violencia y muerte que se vive en el país…hasta mañana
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